Almanaque Caminando con la Luna 2021

Almanaque Caminando con la Luna 2021

$35,000Precio

La edición 2021 del Almanaque Caminando con la Luna es Bosques Tropicales.

 

Este almanaque es una herramienta de apoyo que tiene sentido, en la medida que sea un acompañante respetuoso de tu ejercicio perceptivo de las circunstancias locales, para la elección del que hacer cotidiano.

 

Día a día, cómo aprovechar de mejor manera el flujo variable de la Luna. 

 

El Alma de los Bosques

La Luna perdió la cuenta de las puntadas que tuvo que dar para que esa primera planta que saltó del agua a la tierra formara el organismo dinámico y simbiótico que hoy llamamos bosque. Por su exuberancia y biodiversidad, sobresalen los bosques tropicales, hábitat de comunidades ancestrales, fuentes de medicina, reguladores hídricos y de la temperatura en vastas zonas planetarias y en general, factores decisivos ante la mitigación del cambio climático. Para las culturas primigenias, los bosques son la morada de entidades sutiles y poderosas que junto con aquellas que tutelan otras manifestaciones de la naturaleza, han mantenido en equilibrio el flujo de la vida. Tal vez ahora, como lo hicieron en los colosales eventos que produjeron los anteriores cataclismos terrestres, por designios que no podemos comprender, han entrado en quietud y silencio, para que el hombre como especie, cumpla un rol protagónico en la presente y dramática crisis ambiental. Sumergidos en el sopor que produce la ilusión antropocéntrica y que nos hace sentir aún los amos del universo, no creemos que estamos cavando nuestra propia sepultura. Mientras tanto, hacemos esfuerzos desesperados por alargar la esperanza de vida inundándonos de fármacos y elevando fervientes ruegos a la ciencia para que nos eternice y consiga salvarnos del desastre, de la enfermedad, con su estrategia de aislamiento, contrario a lo que el bosque nos ha enseñado: un árbol no hace la selva, solo en el abrazo con otros, surge el equilibrio. Como bebés que se resisten a tomar la leche materna, muriendo en la inanición del artificio, del dudoso confort que otorga el voraz e indigesto consumo, desconectados de la madre y de su poderoso símbolo: el bosque, imagen que nos vitaliza y sana; nuestro impulso primitivo reconoce en él la fuerza de la vida, lo ama y necesita, pero igual le teme, porque allí acecha también la muerte, danzante indispensable en la renovación de la existencia. Y es justo ese temor atávico a la disolución, consagrado en el instinto de conservación, el que nos enfrenta con la naturaleza: restringirla, ponerle límites, antes que nos devore. Arrastrados por esa pulsión matricida, estamos sobrepasando el punto donde la Tierra pueda mantener su capacidad regeneradora de nuestras condiciones de vida; en este caso, lo mejor y primero que debemos hacer es dejar de hacer lo que hemos estado haciendo. Ella, como siempre, así sea reestructurándose con otros patrones biológicos, sabrá poner de nuevo la casa en orden. Por el momento, aún están presentes los bosques, aunque maltratados, su aire puro nos inspira recordándonos que somos un mismo ser. A estos sagrados templos de la vida es indispensable reconectarnos, para refrescar el corazón y serenar la mente. Tal vez allí, en ese camino de cantos de pájaros y lluvia, nos sonría empapada la esperanza.

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